Para acabar con Vichy

¿Obsesionará siempre Vichy la conciencia francesa? ¿Qué relaciones mantendrá entonces Francia con heridas muy antiguas? ¿Se sabrá aún que Vichy nació de la derrota más cruel y total de toda la historia de Francia, que no se puede imaginar separado de las brutales exigencias del ocupante y de la cotidiana inquisición de los "colaboradores" parisinos? Estas interrogantes — y algunas otras — están en el origen de este libro, que quise casi testamentario. Cuarenta años de trabajo, los testimonios escritos de miles de lectores, me han dado el derecho, y quizás el deber, de escribirlo. Quise insistir en puntos demasiado descuidados y cuyo conocimiento permitiría un juicio menos maniqueo, lo que no significa indulgente. Porque sobre Vichy, considero válido lo que Germaine de Staël, recordando el Terror, escribió en 1810: "Permitir medios malos para un fin que se cree bueno, es una máxima de conducta singularmente viciosa en su principio..." Sé aún mejor lo que se puede reprochar a Vichy — las compromisos, las complicidades, las iniciativas — que conservo, junto a las fotos de mis hijos, la foto de Régine Adjelson, una niña judía de ocho años, deportada a Auschwitz en el convoy del 17 de agosto de 1942... Acabar con Vichy... ¿Acabaremos alguna vez? Pero comprender las evoluciones de los sentimientos, disipar las confusiones, protegerse de los solapamientos de fechas y eventos (1940 no es 1941, que no es 1942...), hacer obra de explicación para reparar los "olvidos de la memoria" - tal es la ambición de este libro.

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